La Costa: Leandro Alonso reflexiona sobre la historia y actualidad del Radicalismo

En los últimos días recibí varios mensajes, vi publicaciones en las redes sociales, e incluso escuché a varios políticos plantear que la actual crisis cambiaria ha sido provocada en gran medida por intentos desestabilizadores del peronismo, llamando a actuar activamente para que no ocurra lo mismo con los Gobiernos de Alfonsín y De La Rúa.

Creo que es necesario que los radicales recordemos bien qué paso en dichos Gobiernos, para ser realistas en los planteos, pero también para no opacar un gran gobierno, como el de Raúl Alfonsín, con comparaciones absurdas.

Raúl Alfonsín soportó levantamientos militares, paros generales, una fuerte pelea con la Sociedad Rural y, por último, lo que se conoció como un Golpe de Estado Económico. Pese a ello, llegó a las elecciones presidenciales de 1989 y, si debió entregar el Gobiernos unos meses antes, era consecuencia lógica de que era imposible desarrollar medidas de gobierno cuando ya había un Presidente electo.

Pero recordemos, por sobre todas las cosas, el golpe de estado económico, del cual fueron parte muchos de los pertenecientes a la llamada Patria Contratista o de la Patria Financiera, que casualmente son los mismos que apoyaron a Mauricio Macri para llegar a la presidencia, pero que no tiene ningún inconvenientes en actuar en su contra para mantener privilegios y ganas más dinero.

Respecto de De La Rúa, tampoco es conveniente limitar su caída al accionar del peronismo y de Eduardo Duhalde en particular.

En primer lugar, se debe recordar que para las elecciones legislativas de 2001, los candidatos de la Alianza en Capital Federal y Buenos Aires eran críticos del propio gobierno. Aún así, eran los candidatos que más votos podían sacar en sus Distritos. Clara muestra de la debilidad del gobierno.

Pero también es bueno analizar, aunque brevemente, por qué dicha debilidad. Y encuentro dos cuestiones que preocupan por su similitud: cerrarse en un grupo chico para la toma de decisiones; cumplir una promesa de campaña que ante la crisis ya era de imposible cumplimiento.

Queda claro que la situación de De La Rúa era mucho más compleja. No salir de la convertibilidad (la promesa de campaña) tenía un fuerte costo político, como así también era sumamente dificultoso de implementar, dado afectaba a todos los contratos vigentes (especialmente de particulares, como alquileres, compraventa, mutuos, etcétera).

Hoy, sin dudas, el panorama es muy distinto. Salvo el club del helicóptero (kirchnerismo extremo), la mayoría de la oposición, incluyendo el peronismo, ha sido bastante receptivo con el Gobierno, no trabando medidas importantes pese a la posibilidad de hacerlo en el Congreso.

Será cosa de ser más abierto en la toma de decisión, convocar a todas las fuerzas políticas y sociales, y replantear algunas promesas electorales: con un dólar a $40 (a valor de hoy), habrá que ver nuevamente el tema de las retenciones a la soja y la minería; la regulación de la entrada de capitales especulativos; la adecuación de las tarifas, etcétera.

Y por sobre todas las cosas, los Radicales tenemos que ser honestos con nosotros mismos. Raúl Alfonsín trabajó parar recuperar la Democracia, pero también lucho por una sociedad más justa e igualitaria. Y seamos claros: no cayó por el peronismo ni la CGT; en todo caso, los sectores corporativos fueron muchos más vehementes a la hora de atacar un Gobierno que planteaba la independencia económica y la igualdad.

Esos mismos responsables del golpe económico a Raúl, como dije, son los que más se benefician con las medidas económicas que fomentan la especulación financiera u otras medidas económicas que tomó este Gobierno. Y van a seguir haciendo lo posible por ganar más dinero, aunque así caiga un Presidente de los suyos.

Seguramente este razonamiento no le guste a muchos de mis correligionarios, pero nos debemos un debate y empezar a actuar con total honestidad intelectual.