El dengue en tiempos de pandemia


La abundancia estacional de los mosquitos
Entrevista a Sylvia Fischer

El mayor brote de dengue en Argentina coincidió en 2020 con el aislamiento y distanciamiento social obligatorio por COVID-19 que desplazó hacia la pandemia la visibilidad pública y la urgencia sanitaria. Por otra parte, el mayor tiempo en los hogares aumentó la convivencia con el mosquito transmisor. Setiembre puede ser un mes clave para reducir la abundancia del vector.


La epidemia de dengue 2020 fue la mayor registrada hasta el momento en Argentina con más de 56 mil casos confirmados, más de la mitad de los cuales se registraron en la zona Norte (en especial Tucumán, Jujuy y Salta) y en el Centro del país (CABA y Buenos Aires principalmente). 

La ecóloga Sylvia Fischer analiza distintos aspectos biológicos y climáticos relativos al mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue y otras enfermedades.  Sus investigaciones en el Grupo Estudio de Mosquitos (GEM) de FCEN-UBA, en colaboración con ILPLA-CONICET le proporcionan una visión integrada, a partir de la cual es posible delinear estrategias eficaces para controlar al vector. “De junio a setiembre es buen momento para eliminar los huevos de mosquito, ya que justamente no hay adultos volando que vuelvan a ponerlos”, explica la doctora en biología Sylvia Fischer, que lleva 20 años estudiando el tema desde el GEM. 

Fischer expone, en principio, que para que exista una epidemia de dengue en Argentina son necesarias dos cosas: el ingreso de casos importados, por un lado y la abundancia de poblaciones de mosquitos Aedes aegypti, por el otro.  “Nosotros no tenemos dengue todo el año, entonces si o si son casos importados que infectan a nuestros mosquitos y nuestros moquitos después lo reproducen” aclara la especialista.

Al mismo tiempo, puntualiza: “que no haya transmisión de dengue todo el año tiene que ver con la estacionalidad térmica -o hídrica- en provincias de clima subtropical como Salta y Misiones- que hace que prácticamente en todo el país haya una temporada de abundancia alta y otra de abundancia baja de las poblaciones de mosquitos Aedes aegypti”. 

 “El mosquito pasa por distintas etapas: huevo, larva, pupa y adulto. Cada una de estas etapas se caracteriza por una distinta sensibilidad o tolerancia a las bajas temperaturas”, aclara Fischer. Esto es relevante porque la temperatura determina la posibilidad de supervivencia del mosquito durante los distintos momentos de su desarrollo. Así lo puntualiza Fischer: “Los adultos son menos resistentes al frío, las larvas y las pupas son más o menos intermedios y los huevos de mosquito son mucho más tolerantes al frío”, sintetiza.  Una investigación realizada por el grupo en 2011 estimó por ejemplo que un 69% de los huevos de mosquito sobreviven el invierno completo en la ciudad de Buenos Aires.

En un estudio reciente del que participó Fischer se estableció, por primera vez, que las larvas del Aedes aegypti pueden continuar su desarrollo hasta convertirse en adultos con temperaturas de sólo 12 °C. Realizado en condiciones estables de laboratorio y publicado en octubre de 2019 en el Journal of Medical Entomology la investigación revela temperaturas menores a las encontradas hasta el momento en otras partes del mundo.

Eliminar huevos y larvas también en invierno

Dado que la estacionalidad térmica es una de las causas de que el dengue no sea endémico en la Argentina, las adaptaciones del ciclo de vida del Aedes aegypti podrían incidir en la extensión geográfica del vector a zonas más frías, facilitar la mayor abundancia de mosquitos, y por lo tanto aumentar el riesgo de transmisión de dengue, así como de  la fiebre amarilla, zika (se detectaron dos casos importados en 2020) y chikungunya, otras de las enfermedades que transmite el vector.

En relación con las estrategias de reducción de las poblaciones de mosquito es interesante evaluar que cada una de las etapas tiene una duración y estacionalidad específica. “Mientras que el huevo dura meses -y vive sin agua-, la pupa dura dos días en el verano, y tres o cuatros en otoño y primavera.  La larva, dependiendo de la temperatura y la cantidad de alimento, dura de una semana a un mes”, puntualiza Fischer. 

 “Como se sabe, las hembras ubican los huevos en las paredes de envases o espacios que puedan acumular agua, en zonas húmedas y a la sombra” refuerza. Además “El mosquito es doméstico, vive en los domicilios o sus cercanías y se concentra en ciudades donde existe el hábitat favorable para su desarrollo y es en donde el mosquito se infecta”. 

Los distintos recipientes que pueden almacenar agua proporcionan la humedad y la comida que las larvas necesitan, en el paso previo a convertirse en mosquitos adultos que vuelan. De allí la importancia de limpiar, evitar que se llene de agua y eliminar durante todo el año, cualquier contenedor que pueda alojar huevos o larvas. Remarca, a su vez, que “el número de recipientes con agua es lo que va a determinar cuántos mosquitos se pueden criar en una manzana”. 

De junio a septiembre, existe la oportunidad específica de eliminar los huevos de Aedes aegypti depositados durante el otoño, antes de que un número creciente de hembras adultas vuelvan a ponerlos allí, y dar comienzo un nuevo ciclo.  

Si bien la prevención hay que realizarla durante todo el año, “la ventaja de esta época es que al estar todos como huevos, no van a ir a ningún lado. Si nosotros nos deshacemos de los huevos en este momento no es que van a venir mosquitos adultos a poner más” razona, refiriéndose al periodo en que todavía no hay adultos volando. 

Sobre las acciones más efectivas a llevar a cabo en el domicilio aclara que “depende mucho del tipo de recipiente, si se puede cepillar está perfecto. Lo ideal es cepillarlo y darlo vuelta para que no junte agua, porque si no la próxima hembra que viene pone los huevos ahí y persiste el problema. Hay algunos recipientes en los que eso no es tan simple, pero el agua hirviendo mata los huevos. Esta opción es más sencilla para efectuar en una rejilla”, ejemplifica. 

La mayor permanencia en los hogares representa una oportunidad única para mitigar la expansión del Aedes aegypti y disminuir los contagios de dengue y otros arbovirus.

RECUADRO:

Mecanismo inédito

Los investigadores detectaron también en 2019 una capacidad genética que le permite al mosquito Aedes aegypti pasar con más éxito la temporada fría. Se trata de la denominada diapausa, que predetermina a los huevos del mosquito a eclosionar inducidos por el fotoperíodo.  Es decir, les posibilita pasar a la etapa de larvas, inducidos por la cantidad de horas de luz -fijas- en una época del año, y no sólo por cuestiones de temperatura.

La diapausa implica que los huevos tienen predeterminado el momento de poner fin a su latencia a partir del fotoperíodo experimentado por sus madres, es decir, la cantidad de horas de luz y horas de oscuridad que hay en determinado periodo del año, y así proseguir su desarrollo. “La cantidad de horas de luz que hay durante cada día del año es fija. Entonces es una señal ambiental muy segura” precisa Sylvia Fischer, investigadora de FCEN UBA.

En contraposición, los huevos que están quiescentes, es decir, aquellos que no están en diapausa, pueden pasar esos meses de invierno “pero su mortalidad va a ser mayor justamente porque tienen menos sustancias de reserva y están menos preparados fisiológicamente para aguantar tiempos largos. Metafóricamente, si hubiera situaciones en el medio que los “confunden” y hacen “pensar” que ya llegó la primavera, esos huevos producirían larvas que luego morirían, por lo tanto esos individuos se pierden para esa población”, grafica.

Publicado en el Journal of Insect Physiology en agosto del año pasado, este fenómeno descubierto por los investigadores ya era conocido para otros seres vivos, pero el mecanismo de la diapausa hasta la publicación de este estudio era desconocido para los mosquitos Aedes aegypti. 

Fischer reconoce que ”fue bastante revolucionario porque hasta entonces todo el mundo decía: esto no pasa”.  Pero “nos empezamos a encontrar con cosas raras en los experimentos”, recuerda. “Los huevos no eclosionaban, en condiciones en las que debían eclosionar. Entonces, “sonó” la alarma… esto ya pasó una vez…” relata, recordando que un par de investigaciones doctorales previas se habían enfrentado con estas contradicciones. Este mecanismo facilita la posibilidad de desarrollo, persistencia y supervivencia del mosquito y por lo tanto incide en el tamaño posible que adquirirán las poblaciones de Aedes aegypti