LA TRASTIENDA DEL ARMADO BONAERENSE: Ferraresi jubila a Barrera en Villa Gesell y recupera a Rodríguez Erneta
Villa Gesell, 13 de octubre del 2026 – El peronismo bonaerense atraviesa horas donde la literatura política de trinchera le gana al relato. Axel Kicillof, empujado por la necesidad imperiosa de edificar un proyecto nacional propio que no dependa de las bendiciones ni de los caprichos del Instituto Patria, ha comenzado a delegar la orfebrería de las listas en las manos más curtidas y pragmáticas de los dirigentes de mayor experiencia.
En esa carrera contra el reloj y contra el desgaste del propio ejercicio del poder, Jorge Ferraresi, el jefe territorial de Avellaneda y uno de los candidatos posibles a la Gobernación Bonarerense por el kicillofismo , se ha transformado en el arquitecto silencioso de una avanzada que esta semana tuvo su escala decisiva en el Partido de la Costa. Allí se le puso el sello al trazado de la Quinta Sección Electoral.
Para el ojo desprevenido de la política atlántica, la inercia indicaba un movimiento previsible, colocar como estandarte del espacio al actual Intendente de Villa Gesell, Gustavo Barrera. Un peón alineado que parecía haber hecho los méritos suficientes para abroquelar la representación oficialista. Sin embargo, en la alta política bonaerense la aritmética de la supervivencia suele demoler con frialdad las lealtades del momento.
Ferraresi llegó al Partido de la Costa con un diagnóstico severo bajo el brazo y una decisión que hizo crujir las estructuras locales, la carta para encabezar la resistencia en una Villa Gesell cercada por el descontento no es el intendente en ejercicio, sino su antecesor, mentor y viejo jefe político, Jorge Luis Rodríguez Erneta. Un retorno de tintes shakesperianos donde el creador vuelve para desplazar a la criatura.
En el tablero de La Plata interpretan que la gestión de Barrera entró en una meseta peligrosa, con anticuerpos exhaustos frente a lo que todas las encuestas insinúan como una derrota casi anunciada. La reaparición de Rodríguez Erneta no es un arrebato de nostalgia ni un capricho estival; es un ejercicio de pragmatismo puro para reactivar la fibra militante del PJ tradicional y contener la sangría de votos hacia las vertientes opositoras.
Pero el desembarco en la Quinta es apenas el reflejo de un fenómeno de mayor calado.
La mesa chica que escolta a Ferraresi en esta tarea de ingeniería electoral recupera el peso específico del peronismo histórico del Gran Buenos Aires. Nombres como Baldomero «Cacho» Álvarez de Olivera —legendario armador de Avellaneda— y Julio Pereyra ex Intendente de Florenciol Varela y actual miembro del directorio del Banco de la Provincia de Buenos Aires, integran la mesa chica donde Kicillof busca consolidar su musculatura política.
La señal que el Gobernador y su brazo ejecutor envían al interior bonaerense es transparente y exenta de romanticismo, en tiempos de crisis y fragmentación, el purismo ideológico y los ensayos de renovación ceden ante la necesidad de reanimar a los viejos caciques.
La supervivencia del proyecto no se negocia con promesas, sino con la suma del poder territorial.




