Las Flores: El municipio desampara a la familia de la víctima fallecida por Hantavirus

El HCD de Las Flores rechazó el pedido de desplazamiento de dos secretarios municipales y generó una fuerte reacción social en medio del caso Ina D’Ambrosio. La decisión profundizó el malestar de vecinos y familiares, que cuestionan la respuesta política del oficialismo y el rol del Concejo Deliberante.

El Concejo Deliberante rechazó el pedido de desplazamiento de dos secretarios y desató una ola de indignación social. La política habló de dolor. Pero votó otra cosa.

Hay momentos donde la política deja de poder esconderse detrás de los discursos.

Y lo que pasó en el HCD de Las Flores fue exactamente eso.

Mientras una parte importante de la comunidad todavía atraviesa el impacto emocional por el caso de Ina D’Ambrosio, el Concejo Deliberante decidió no aprobar el pedido de desplazamiento de dos secretarios municipales. Una decisión política. Fría. Calculada. Legal quizás. Pero imposible de separar del contexto social que atraviesa la ciudad.

Y ahí apareció la verdadera grieta.

No entre oficialismo y oposición.
Entre la sociedad y su dirigencia.

Las palabras duran poco cuando llega la hora de votar

Durante días aparecieron los mensajes de condolencias. Las expresiones de dolor. Los discursos sobre acompañamiento y empatía. Las publicaciones solemnes. Las fotos serias. El tono institucional.

Pero llegó la sesión.

Y el HCD habló de otra manera.

Porque la política tiene un idioma brutalmente honesto: el voto.

Y el voto dejó algo claro. El oficialismo decidió cerrar filas y rechazar el desplazamiento de los funcionarios cuestionados.

¿Por qué?

Porque puede.

Porque tiene mayoría.

Y porque esa mayoría fue construida en las urnas por los propios vecinos de Las Flores.

Duro. Pero real.

La sesión donde el poder se protegió a sí mismo

En los pueblos chicos las cosas pesan distinto.
Todos se conocen.
Todos se cruzan.
Todos saben quién ocupa cada cargo y quién responde a quién.

Por eso la sesión del HCD tuvo un impacto mucho más profundo de lo que algunos imaginan. Porque ya no se trató solamente de un expediente administrativo o de una discusión técnica.

La sociedad observó otra cosa.

Observó a una estructura política cuidándose a sí misma en medio de un clima social cargado de dolor y sospechas.

Y ahí aparece el problema más peligroso para cualquier gestión: la pérdida de legitimidad emocional.

Porque un gobierno puede resistir críticas opositoras.
Puede sobrevivir a escándalos mediáticos.
Puede soportar redes sociales incendiadas.

Lo que no puede controlar tan fácilmente es el murmullo social cuando empieza a transformarse en decepción colectiva.

“Tenemos lo que votamos”

La frase empezó a circular con fuerza después de la sesión.
Y golpea.

Porque obliga a mirar más allá del hecho puntual.

El HCD no es una entidad abstracta. No cayó del cielo. No apareció mágicamente. Responde a una mayoría política elegida democráticamente por la ciudad.

Y quizás ahí esté la discusión más incómoda de todas.

¿Qué hace una comunidad cuando siente que sus representantes ya no la representan emocionalmente?

Porque acá no se está discutiendo solamente una cuestión administrativa. Se discute sensibilidad política. Señales. Gestos. Prioridades.

La gente no mira expedientes. Mira conductas.

Y la conducta que muchos vecinos interpretaron después de la sesión fue clara: primero se protege el poder, después se escucha a la sociedad.

El silencio que se convirtió en bronca

La marcha silenciosa frente al Palacio Municipal ya había mostrado un clima raro en Las Flores. Una mezcla de dolor, impotencia y desconfianza.

Pero la sesión del Concejo terminó de profundizar algo mucho más delicado: la sensación de distancia entre la política y la calle.

Porque mientras afuera muchos pedían transparencia y señales concretas, adentro del recinto la lógica partidaria terminó imponiéndose otra vez.

Y eso deja heridas.

Especialmente en una ciudad donde el impacto humano del caso todavía está vivo.

La política del costo mínimo

En Argentina existe una vieja especialidad de la dirigencia: hacer solamente lo imprescindible para sobrevivir políticamente.

Ni más.
Ni menos.

Y muchas veces eso implica aguantar el enojo social hasta que pase la tormenta mediática. Apostar al desgaste. Esperar que aparezca otro tema. Otra noticia. Otro escándalo nacional.

Pero hay situaciones que no desaparecen tan rápido.

Porque detrás hay personas reales.

Un esposo enfrentando una vida completamente distinta.
Hijos atravesados por una tragedia.
Padres destruidos.
Amigos llenos de preguntas.

Y enfrente, una estructura política votando como bloque.

La sesión terminó. El desgaste recién empieza

Quizás el oficialismo logró sostener internamente su estructura.
Quizás evitó una crisis política inmediata.
Quizás administrativamente todo siga igual.

Pero socialmente algo cambió.

Porque una parte de Las Flores sintió que el poder decidió atrincherarse en vez de dar una señal.

Y cuando una comunidad empieza a sentir que la política se protege sola, aparece algo mucho más peligroso que la oposición.

Aparece el descreimiento.

Ese silencio incómodo que primero se comenta en voz baja.
Después llena redes sociales.
Después ocupa plazas.
Y finalmente erosiona gobiernos.

La sesión terminó.

Pero la herida política recién empieza.

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dante villegas enojado
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